martes, 13 de septiembre de 2011

Danilo está como el trompo


Por: Rafael Peralta Romero

Muchos dirigentes del PLD, sobre todo los que se aferraron a la idea de la  continuidad del presidente Leonel Fernández,  a contrapelo de la Constitución,  comienzan a dar muestras de disciplina partidaria con el tímido apoyo al candidato presidencial, Danilo Medina, a quien algunos de ellos  no asimilan.

La desidia va en dos direcciones: Medina  no siente gran entusiasmo por echarse encima un gobierno desacreditado y rechazado por el 63.2 por ciento de la población, pero los leonelistas  no se sienten a gusto con un hombre capaz  de disentir de una figura que está por encima de todo,    además de que se atreve a proclamar  que “corregirá lo que está mal”.

El acto de proclamación de Medina se caracterizó por la buena organización.  Todo estuvo pautado por un libreto, los abrazos  –dicen que cinco- entre Fernández y Medina se discutieron y acordaron previamente para evitar  el sombrío cuadro  exhibido en  actos anteriores. Medina necesita a Fernández y se sometió al libreto.

Pero su discurso  contiene amagos de diferenciarse del actual gobernante por el rechazo que se observa  en el pueblo hacia  él. Pero  esas  tentativas eran sofrenadas por el razonamiento, planteado por sus estrategas,  acerca de  la conveniencia de contar con el respaldo de quien maneja pródigamente los recursos del Estado.

 Medina  promete  gobernar con su propio estilo. Se compromete a invertir en la educación, disminuir la pobreza y castigar la corrupción, y ya  con eso se está diferenciando de Fernández, para quien estas tres acciones  no tienen importancia alguna.  Declaró tener un látigo para los corruptos y era como para que cada miembro del comité central  le tocara con el codo al que le quedaba al lado.

La alegoría del látigo recuerda  al doctor Viriato Fiallo, que en 1962 tenía un  látigo para los trujillistas. El profesor Juan Bosch, candidato entonces del PRD, le ganó las elecciones. Los gestos, el discurso, los aplausos quieren inyectar entusiasmo a la candidatura de Medina. Y él   descalifica a los adversarios  porque según dijo: “Creen que con palabras fáciles y vacías pueden manejar nuestro barco en la tormenta”.

Medina quiere diferenciarse de Fernández, pero lo llama líder, lo abraza  y  quiere continuar y mejorar su obra de gobierno. Danilo y los incondicionales del Presidente  asisten a un matrimonio por conveniencia.  El 61.6 por ciento de la población cree que en este gobierno hay más corruptos que nunca. Es una carga pesada para cualquier candidato.

Hay una adivinanza que dice: “Para bailar me pongo la capa/ para bailar me la vuelvo a quitar/ que  no puedo bailar con la capa/ y sin la capa no puedo bailar”. Respuesta: el trompo. Fernández y su gobierno son la capa, Danilo es el trompo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada